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Carolina y yo nos conocimos en uno de mis viajes. En aquél momento, yo estaba de vacaciones, viajando por Filipinas, y nos encontramos en un hostal en el que las dos compartíamos habitación.

Desde el primer momento nos hicimos uña y carne: las dos éramos dos intrépidas viajeras con ganas de aventuras y sobre todo de ver mundo.

Hola, Carolina. ¿Qué nos puedes contar sobre ti?

Me llamo Carolina López, soy de Bilbao y tengo 32 años. Me dedico a la gestión de proyectos de desarrollo en pequeñas comunidades. Mi suerte es que siempre estoy viajando, arriba y abajo, y eso me encanta. La verdad es que mucha gente se sorprende y piensa que estar siempre en aviones cruzando el mundo puede ser agobiante y aburrido. Pero para mí es lo mejor: siempre estoy conociendo lugares y gente nueva. Entiendo que también es algo que te tiene que gustar, tienes que estar hecho de una pasta concreta, supongo.

¿Siempre has sido tan viajera?

La verdad es que yo era una persona muy de estar por casa, me encantaba estar en el pueblo con mis amigos y familia y no tenía ningún interés por viajar más allá de el típico viaje que se suele hacer de un fin de semana por Europa: un fin de semana en París, otro en Roma…pero poco más.

Esto cambió cuando en 2004, cuando estudiaba mi segundo curso de Ingeniería en la universidad del País Vasco, y nos ofrecieron desde la secretaría de la universidad la opción de ir a estudiar a otras universidades del mundo. Casi sin interés, eché un vistazo al folleto donde aparecía el listado de lugares a los que podía ir, entre los que aparecían los Estados Unidos, y fue entonces cuando me entraron muchas ganas de estudiar fuera.

Entonces, tu idea de ir a estudiar fuera surgió más de ir a ver mundo que de ir a estudiar a una buena universidad, ¿no?

La verdad es que sí, aunque esto nunca se lo dije a mis padres, que tenían que darme soporte económico para poderme marchar. A ellos les dije que tenía en proyecto irme a estudiar fuera porque alguien que estudia fuera de su país de origen siempre tiene más posibilidades de encontrar un buen empleo y ser mejor pagado. Pero esto tampoco es mentira, ¿eh? Evidentemente estudiar fuera te abre muchas puertas. Pero yo, con 20 años y después de ver las opciones del listado de universidades a las que podría ir, no pensaba en trabajar sino en marcharme para allí.

¿Cómo elegiste tu destino?

Ahora debería decir que lo escogí pensando en qué universidad era la mejor para estudiar Ingeniería, pero si te soy sincera, me dediqué a ver qué campus tenían mejor pinta y qué ciudades tenían más vida. Escogí aplicar para cursar mi tercer año de licenciatura en Texas A&M , que además coincidió ser una de las mejores universidades en cuanto a tecnología e I+D, así que acerté de pleno.

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¿Cómo fue el proceso?

La verdad, largo. Yo estaba tan tranquila estudiando mi licenciatura, a la que ya dedicaba mucho tiempo porque no son unos estudios que alguien se saca sin estudiar, precisamente. Y de golpe tenía el doble de trabajo: además de seguir aprobando las asignaturas que cursaba, ahora tenía que mejorar la puntuación para poder ser admitida en la universidad. Además, tenía que estudiar inglés y aprobar el TOEFL con una buena nota (¡me pedían un 26 de 30 en la sección de Speaking!). Después también tenía que hacer un examen de acceso a la universidad para demostrar que tenía suficientes conocimientos sobre ingeniería e inglés. Y eso no era todo: además tenía que tramitar el visado, y eso era muchísimo papeleo.

¿Qué fue lo que más te costó?

La verdad es que al principio me pareció que todo el proceso era un mundo. Pensé que era imposible poder hacerlo todo, pero lo conseguí. Las ganas de vivir y estudiar en los Estados Unidos fueron más fuertes que la pereza de los trámites administrativos y los exámenes a los que me tenía que presentar. Recuerdo esa época estresante pero a la vez excitante por todo lo que venía detrás.

A partir de ahí ya podía tramitar el visado, y entonces me entró el miedo: ¿y si después de tanto esfuerzo me lo denegaban? Pero rápido pensé que no había ningún motivo por el que no me lo pudieran aprobar. Así que cuando había rellenado la solicitud, tuve que pedir hora para realizar la entrevista en la embajada de los Estados Unidos en Madrid. Allí ya no estaba nerviosa: me había mentalizado de que si actuaba de manera natural y no forzada, la cosa iría perfectamente. La entrevista fue rápida y además me la hizo una mujer muy amable.

¿Y qué tal la vida en el campus de Texas A&M?

La verdad es que fue inolvidable. El campus de esta universidad es especialmente grande y tiene de todo, es como una pequeña ciudad: apartamentos, gimnasio abierto 24 horas, restaurantes, parques y zonas verdes, campo de básquet, campo de futbol americano, de béisbol, tiendas, mercado… ¡No hacía falta salir de allí!

Las clases eran enormes y al principio tenía que salir antes de tiempo porque me perdía entre tantos edificios, todos gigantes.

Tuve también mucha suerte con mis compañeros de clase y con mi compañera de habitación, hice muchísimas amistades y celebramos fiestas casi todos los días. Pero luego también sacábamos buenas notas, ya que ir a clase en aquel lugar era un lujo y hasta te apetecía.

¿Qué es lo más divertido que te pasó mientras estudiabas allí?

Un día, estaba estudiando en la biblioteca y me quedé dormida. Había salido la noche antes, claro, y necesitaba estudiar ese día porque al día siguiente tenía un examen. Como te digo, me dormí y cuando me desperté no quedaba nadie en la biblioteca, y las luces estaban apagadas. ¡Me había quedado encerrada! Así que pasé la noche allí, no tuve más remedio…

¿Recomendarías la experiencia? Sin duda, todo el mundo que tenga la oportunidad o la posibilidad de hacerlo, ¡que no lo dude ni un segundo!

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